
Ayer llegaron Pedro y Adela para pasar con nosotros unos días. Como a mi querida hermana le chiflan los castillos, ha venido a uno de esos lugares del mundo en los que, al igual que en España tienes iglesias en todos los pueblos, aquí además en casi todos tienes un castillo. Así que como no, nuestra primera visita es a una ciudad francesa que está a 50km de Ginebra y que es una auténtica preciosidad como podréis ver en las fotos (pinchar en la de más abajo).
El día comenzó lluvioso pero eso no nos desanimó para salir de excursión. Una vez allí, nos alegramos muchísmo, ahora entiendo por qué la llaman la pequeña Venecia francesa. Sus calles están llenas de arcos, partidas por los canales y salpicada de tiendas de lo más curiosas. Tiene mucho encanto y está hecha para pasear. Volveremos en primavera, ya que es otra de las ciudades que hay que visitar en cada época del año.
También la bordea como a Ginebra, un precioso lago, el de Annecy, lleno de patos y cisnes de los que sientes envidia por vivir en un sitio tan bonito. Por supuesto fuimos a visitar el castillo, que actualmente es sede de múltiples exposiciones. La más rara de todas, en la planta de abajo, es una sobre animales extraños que se ha ido encontrando la gente y que un científoc francés se dedicó a recopilar para esta exposición. Son fallos genéticos de la naturaleza que han llegado a mezclar una tortuga con un ave, una serpiente de dos cabezas, un aguila con cabeza de tortuga...al principio pensabamos que eran montajes, pero está todo muy bien documentado y es absolutamente curioso, sobre todo porque parece que los seres mitológicos sí que existieron!! En el resto del castillo hay esposiciones de arte moderno...no de mi gusto exactamente, aunque admito que algunas cosas originales sí que vimos, aunque la mayoría, de lo que yo denomino arte mamarracho, sin ánimo de ofender a nadie y desde mi absoluta pero personal ignorancia del arte contemporáneo.
En fin, que disfrutéis de las fotos porque este lugar es de obligada visita cuando vengáis a vernos.